Regla número uno: no aceptes trabajos en los que puedan matarte. El dinero solo sirve cuando estás vivo. La escribí yo, hace años, y llevo todo el verano incumpliéndola.
Marbella en agosto es un horno con vistas. La agencia echa el cierre a las ocho y a las ocho y cinco empieza el otro trabajo, el que no aparece en ninguna factura. Abigaíl se queda con su ordenador y esa cara de no haber roto un plato en su vida. Yo me sirvo el primer Havana de la calle.
Alguien ha puesto precio a mi cabeza. Todavía no sé quién. Sé que, cuando lo sepa, tendré que romper el resto de mis reglas. Una por una.
Entrada reproducida del cuaderno del sujeto. El relato completo está disponible como filtración.