La vigilancia nocturna es la tarea más tediosa de un detective. Nada que ver con las películas americanas: en la realidad casi nunca pasa nada.
La vigilancia nocturna es la tarea más tediosa de un detective. Nada que ver con las películas americanas: en la realidad casi nunca pasa nada.
Hasta que el objetivo asoma la cabeza. Don Adolfo: sesenta años, dinero a espuertas y el matrimonio a punto de saltar por los aires.
Te dije que fuera discreta. Como la cría abra la boca, no vuelves a ver un euro.
Tranquilo, don Adolfo. La niña sabe perfectamente lo que le conviene.
No tendrá más de dieciséis años. Esto ya no huele a divorcio rutinario; huele a infierno y a cárcel.
Sonríe al pajarito, hijo de puta.
Tengo por norma sagrada no acostarme nunca con mis clientas. Al menos hasta que hayan liquidado la última factura del contrato.
Pero la señora Villaseca es fría, hermosa, calculadora y próximamente forrada. Más o menos mi definición de mujer perfecta.